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La grasa mas que un mito

Como empezó el errado consenso de que la GRASA engorda

Por John Tierney
Octubre 10, 2007
De: http://www.iht.com/articles/2007/10/09/healthscience/snfat.php

En 1988 el Cirujano General de los EEUU [equivale a Ministro de Salud], C. Everett Koop, proclamó que los helados eran una amenaza pública igual que los cigarrillos. Aludiendo al informe de su minis-terio de 1964 sobre los peligros de fumar, Koop anunció que la dieta de los norteamericanos era un problema de magnitud “comparable”, principalmente porque las comidas de alto contenido en grasa estaban causando enfermedades coronarias y otras enfermedades mortales.

Koop presentó su informe con estas palabras: “La profundidad de la base científica que subraya sus descubrimientos es todavía más impresionante que para el tabaco y la salud en 1964.”

Esa fue una declaración ridícula, como los demostró Gary Taubes en su nuevo libro que desenmascara mitos de manera minuciosa, “Buenas Calorías, Malas Calorías” (Knopf, 2007). La noción de las comi-das grasosas acortan la vida comenzó como una hipótesis basada en i formaciones y suposiciones dudosas, y cuando los científicos trataron de confirmarlas fracasaron repetidamente. La evidencia en contra de los helados Häagen-Dazs no era nada parecida a la evidencia en contra de los Marlboros.

Podría resultar extraño que in ministro de salud pueda estar tan equivocado. Después de todo, ¿no es su trabajo expresar el consenso científico? Pero ese era el problema. Koop estaba expresando el con-senso. Él, lo mismo que loa arquitectos que de la “pirámide de alimentos” de EEUU, que le dicen a la gnte lo que hay que comer, se equivocaron al escucharse a ellos mismos. Koop fue atrapado en lo que los científicos sociales llaman “una cascada”. Nos gusta creer que la gente mejora su juicio uniendo sus mentes, y algunas veces eso sucede. La audiencia en el estudio de “¿Quién Quiere Ser Un Millonario” vota usualmente por la respuesta correcta. Pero, supongamos que, en lugar de los miembros de la audiencia votando al unísono silenciosamente, ellos votaran en voz alta uno detrás del otro. Y suponga que la primera persona se haya equivocado.

Si la segunda persona no está segura de su respuesta, es muy probable que siga la opinión de la prime-ra. Para entonces, aún si la tercera persona sospecha que la respuesta correcta es otra, es más proba-ble que siga a las anteriores porque supone que las otras dos saben más que él.

Así comienza la “cascada informativa” a medida de que una persona tras otra supone que el resto no pueden estar todos equivocados.

A causa de este efecto, los grupos están sorprendentemente inclinados a llegar a conclusiones erradas aún cuando gran parte de la gente comenzó pensando diferente, de acuerdo con los economistas Sushil Bikhchandari, David Hirshleifer, e Ivo Welch. Digamos que, si el 60 por ciento de los miembros de un grupo tiene la información que les llevaría a la respuesta correcta (mientras que el resto tiene informa-ción que apunta a la respuesta equivocada, hay una contra tres probabilidades de que el grupo llegará en cascada al consenso errado.

Las “cascadas” son comunes en medicina a medida de que los doctores toman pistas de otros, lleván-dolos a sobre-diagnosticar algunas enfermedades leves y sobre-prescribir ciertos tratamientos. Incapaces de mantenerse actualizados con el inmenso volumen de la investigación científica, los doctores buscan la guía de algún experto –o por lo menos de alguien que suene confiable.

En el caso de las comidas con grasa, esa voz confiable pertenecía a Ancel Keys, un prominente investi-gador en dietas de hace 50 años. En 1950 llegó a convencerse de que los norteamericanos estaban sufriendo una nueva epidemia de ataques al corazón porque estaban comiendo más grasa que sus antepasados. Había dos destacados problemas con esta teoría, como lo explica el corresponsal de la revista Science, Gary Taubes en su nuevo libro. Primero, no estaba claro que las dietas tradicionales fuesen especialmente magras. Los americanos del Siglo 19 consumían grandes cantidades de carne; el porcentaje de grasa en la dieta de los antiguos recolectores-cazadores, según la mejor de las estima-ciones de hoy, era tan alta o más aún que la de los occidentales de hoy en día.

Segundo, realmente no había una epidemia de enfermedades del corazón. Sí, se estaban informado mayor cantidad de casos, pero no porque salud de la gente fuese peor. Era principalmente porque estaban viviendo más tiempo y ra más probable de que viesen a un doctor que les diagnosticaba los síntomas.

Para impulsar su teoría, en 1953 Key comparó dietas y tasas de enfermedades coronarias en los EEUU, Japón y otros países. Con seguridad, más grasa se correlacionaba con más enfermedades (los EEUU encabezaban la lista). Pero los críticos de entones notaron que si Keys hubiese analizado los 22 países que tenían datos disponibles, no habría hallado ninguna correlación. (Y como lo hace notar Taubes, nadie se habría sentido confundido acerca de la llamada “paradoja Francesa” de los come-dores de foie gras con corazones saludables.

La evidencia de que las grasas en la dieta se correlacionan con enfermedades del corazón “no se sos-tiene frente al examen crítico,” concluyó la American Heart Association [Asociación Americana del Corazón] en 1957. Pero tres años más tarde la asociación cambió si posición –no a causa de nuevos datos, escribe Taubes, sino porque Keys y un aliado estaban en el comité que emitía el nuevo informe. Afirmaba que “la mejor evidencia científica del momento” recomendaba una dieta baja en grasas para la gente con elevado riesgo de enfermedades del corazón.

El informe de la asociación eran grandes noticias y puso a Keys, quien murió en 2004, en la tapa de la revista Time. La revista dedicó cuatro páginas al tópico –y tan sólo un párrafo notando que el consejo dietético de Keys estaba “todavía cuestionado por algunos investigadores.” Eso estableció el tono durante décadas de cobertura de los medios. La cascada se aceleró en los años 70 cuando un comité liderado por el senador McGovern emitió un informe aconsejando a los americanos para reducir sus riesgos de enfermedades del corazón comiendo menos grasas. “El staff de McGovern estaba virtual-mente ignorante de la existencia de cualquier controversia científica,” escribe Taubes, y el reporte del comité fue escrito por un lego “que se basaba casi exclusivamente en un solo nutricionista de Harvard. Mark Hegsted.”

El informe impresionó a otra no científica, Carol Tucker Foreman, una secretaria asistente de agricul-tura, que contrató a Hegsted para diseñar una guía de dieta para los Estados Unidos. El consejo del Departamento de Agricultura aconsejando n contra de comer demasiadas grasas fue emitido en 1980.

Mientras tanto, no había aún buena evidencia para apoyar la recomendación de una dieta baja en gra-sas para todos los norteamericanos, como lo hizo notar la Academia Nacional de Ciencias poco después de que las normativas del Departamento de Agricultura (USDA) fueran publicadas. Pero los autores del informe de la Academia fueron denigrados por negar un peligro que ya había sido proclamado por la Asociación Americana del Corazón, el comité McGovern y el USDA.

Con el ostracismo de los científicos escépticos, el debate público y la agenda de investigación se tornó dominaba por la escuela de “la-grasa-es-mala”. Pero como lo nota Taubes, los meta-análisis más rigurosos de los ensayos clínicos de las dietas bajas en grasa, publicados en 2001 por la Cochrane Collaboration, concluía que las grasas no tenían un efecto significativo en la mortalidad.

Taubes dice que él admira de modo especial la iconoclastia del Dr. Edgard Ahrens Jr., un investigador en lípidos que habló en contra del informe del Comité McGovern. Posteriormente McGovern le solicitó durante una audiencia que reconsiderase su escepticismo con una evaluación que mostraba que las recomendaciones para dietas bajas en grasa estaban respaldadas por el 92 por ciento de los “principa-les doctores del mundo.”

Ahrens respondió que la inmensa mayoría de los doctores de la encuesta estaba basándose en conoci-miento de segunda mano porque ninguno de ellos trabajaba en este campo específico.

su servidor y editor jk agradece su visita… 

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